Testimonio Experiencia SAN DAMIAN - TOLEDO
Con nuestras edades se busca muchas veces encajar en donde nos sintamos cómodos, acogidos y comprendidos, y yo necesitaba descubrir ese lugar.
Actualmente, los cristianos nos encontramos en una situación algo compleja; desde ser juzgados a ser perseguidos por seguir nuestra fe. Al ser criticados, nos sentimos solos, e incluso podemos llegar a negar nuestro cristianismo para ser aceptados por terceros.
Y la verdad es que había veces que yo también me sentía así, juzgada o incluso criticada por mi fe. De verdad pensaba que era “rarita”, pues no encontraba personas de mi edad con las que poder compartir sin miedo algo tan importante para mí.
Fue entonces cuando junto a mi buena amiga, nos invitaron a acudir a una experiencia en San Juan de los Reyes, Toledo. Al principio nos extrañamos ¿qué pintábamos allí? Tan lejos de casa... Sin móviles...
Pero más tarde, nos atrevimos a ir juntas, junto a otra compañera de nuestro curso.
Y descubrimos que cuatro horas de viaje en furgoneta merecieron la pena de una manera increíble. Ese sentimiento de conocer a personas bellísimas con las que me pude sentir comprendida hablando de fe, no se puede describir.
A lo mejor teníamos otros gustos o aficiones, a lo mejor compartíamos edad, o tal vez no; éramos diferentes. Pero había un lazo que nos ataba más fuerte que cualquier otro factor: nuestra fe, nuestro cristianismo y las ganas y entusiasmo de seguir a Dios, de querer vivir como lo hizo Jesús, sirviendo sin esperar nada, ayudando por amor... Seguir también los pasos de Santa Clara y San Francisco, nuestros modelos de vida franciscana.
Conviví durante una semana junto a 29 jóvenes maravillosos que buscaban lo mismo que yo, vivir en sencillez, junto a Clara y Francisco, junto a Dios. Sin buscar aceptación por terceros, porque ya eres perfecto a los ojos de Dios, sin envidiar otras vidas, porque Dios te ha dado la tuya y es el mayor regalo que hayas podido recibir, y combatiendo ese miedo a ser juzgados, porque solo lo que diga Dios acerca de nosotros es lo que de verdad importa.
Con esto concluyo mi testimonio, y no puedo estar más agradecida de la acogida que nos dieron a los “forasteros”, que veníamos desde lejos a vivirla. Y aunque tuve dudas, acudir fue la mejor decisión que pude tomar.
Casandra, de Cartagena




