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Domingo 21º TO: "Entrar por la puerta estrecha"

20 Agosto 2022

Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Cuando fui por primera vez a Belén, me sorprendió ver que la puerta de la iglesia era muy chica y estrecha. Y el fraile que venía conmigo me explicó que era justo para recordar estas palabras del Evangelio: esforzarse en entrar por la puerta estrecha. 

Y es que a veces se nos olvida y así estamos convirtiendo esto de la fe en un chiringuito o un mercadillo: a ver quién lo ofrece más barato. Los padres que llevan a sus hijos a una parroquia porque sólo son 2 años de comunión y en las demás son 3; que llevan a su hijo a bautizarse a otra parroquia porque allí no les piden el certificado de bautismo ni el de confirmación; personas que quieren una catequesis de confirmación exprés para poder ser padrinos el mes que viene; personas que no se confiesan porque Dios es bueno y lo perdona todo; parejas que viven juntas y no se casan porque es mucho papeleo, niños y jóvenes (y no tan jóvenes) que después de hacer la comunión no continúan en catequesis porque tienen muchas actividades extraordinarias y mucho que estudiar, o que simplemente no van a misa...

Y suma y sigue. Y es cierto que a veces nuestro lenguaje es a veces incomprensible o distante para mucha gente. Pero debemos dar a entender que esto de la salvación no consiste en un carnet de puntos, sino que en definitiva la cuestión está en preguntarnos en cómo hacer que mi vida merezca la pena, qué necesito para ser plenamente feliz, dónde está la puerta de la felicidad y cómo se entra por ella... Porque una cosa está clara: donde está nuestro corazón, están nuestros sueños, están nuestras ilusiones, nuestro tesoro... y por esos sueños somos capaces de todo, de sacrificios, de esfuerzo, de dedicación, de trabajo... Porque sabemos que merece la pena. ¿Y Dios: te merece la pena? En tus manos está la pregunta y la respuesta. 

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas (13,22-30):

En Jesús pasaba por ciudades y aldeas enseñando y se encaminaba hacia Jerusalén.
Uno le preguntó:
«Señor, ¿son pocos los que se salvan?».
Él les dijo:
«Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo:
Señor, ábrenos;
pero él os dirá:
“No sé quiénes sois”.
Entonces comenzaréis a decir:
“Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas”.
Pero él os dirá:
“No sé de dónde sois. Alejaos de mí todos los que obráis la iniquidad”.
Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, pero vosotros os veáis arrojados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.
Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos».